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Vacaciones en el Mar. Cuarta Parada: Palermo.

¡Por fin puedo sentarme a continuar con mi periplo! Hoy voy a narraros la cuarta parada de mi crucero: la ciudad de Palermo. La llegada a la isla es verdaderamente preciosa, ya que su orografía es montañosa y el barco tuvo que bordear una bahía, y me sentí como un pirata al abordaje.



Palermo es la capital de Sicilia, isla italiana tristemente conocida por la camorra, pero muy rica en patrimonio cultural e histórico. No en vano, en julio de 2015 fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Yo, en cuanto pisé tierra y vi este imán no pude evitar llevármelo conmigo... lo más gracioso es que el resto del grupo se lanzó en picado a por otro igual.



Nos pasó algo muy gracioso: nuestros compañeros de viaje habían contratado una excursión a pie por la ciudad, y nos invitaron a ir con ellos. No sé hasta que punto nos podían haber echado de la comitiva, pero lo cierto es que (eso sí, sin pinganillos informativos, que de eso se encargaban nuestros amigos), comenzamos la visita a Palermo en una excursión guiada sin comerlo ni beberlo.

La visita comenzó en el mercado de Ballaró, un lugar que conserva el encanto de los viejos comercios ambulantes.




Los restaurantes exhibían sus platos estrella en las esquinas. La verdad es que eran muy tentadores...



Entramos en una iglesia de la cual no recuerdo el nombre (sorry). No demasiado sobrada de dimensiones, pero muy bonita y ornamentada.





Continuamos nuestro paseo hasta llegar a la Iglesia de Santa Caterina, pero que lo realmente famoso del lugar es la Piazza Dela Vergogna, ya que justo enfrente del edificio religioso se erigen un grupo de estatuas bastante ligeritas de cascos.



La comitiva continuó el camino, hacia los Quattre Canti. Una confluencia de calles con los chaflanes muy ornamentados.



De aquí, llegamos a la Catedral de Palermo. Su construcción data del siglo XII, primeramente era de estilo bizantino y ha sufrido diversas reformas.




En este punto, empezó a diluviar, y aprovechamos para resguardarnos y pararnos a degustar uno de los famosos y deliciosos helados italianos.



Aquí nos desvinculamos del grupo y decidimos terminar la visita a Palermo los cuatro por nuestra cuenta. Paseamos por sus calles, llenas de terrazas aunque vacías a causa de la lluvia:



Encontramos, de pura casualidad, el Museo Municipale, y decidimos entrar a visitarlo. Aquí vimos arte etrusco y fenicio, entre otros.



Y, por fin, terminamos el recorrido en el Teatro Massimo. Este lugar es el mayor de los teatros de ópera de Italia y el tercero de Europa. Su nombre es un homenaje al rey de Italia Víctor Manuel II.


Aquí se nos hizo la hora de regreso. Emprendimos el camino hacia el puerto envueltos en una lluvia intermitente.

Pese a que Palermo es una ciudad con mucho patrimonio visitable (y bonito), a mi me dejó bastante indiferente. No sé, la encontré algo triste.  La isla tiene (así quiero creerlo) mucho más que ofrecer. Quizás en un futuro a medio plazo...


¡En breve, la siguiente y última escala de mis Vacaciones en el Mar!

Mil besos.

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